Una vida saludable, es más vida

jueves, 18 de abril de 2013

TOMAR CONCIENCIA A TIEMPO

"Derivados" del sobrepeso



Muchas de nosotras solo reconocemos la verdad sobre la obesidad cuando lo sentimos como una verdadera amenaza a nuestra salud, a nuestra vida.

Las secuelas patológicas y metabólicas y complicaciones clínicas derivadas del sobrepeso y la obesidad son múltiples. Tomar conciencia de ellas es muy importante para tomar una decisión definitiva de cuidarte y tener una mejor calidad de vida.

Enfermedades causadas por la obesidad

Hiperinsulinemia. Resistencia a la insulina y diabetes. En el obeso, tanto la secreción pancreática como los niveles plasmáticos de insulina se encuentran aumentados, además existe insulinorresistencia debido por una parte a la disminución del número de receptores de insulina como a un defecto postreceptor. Este aumento de la resistencia y el incremento de las necesidades de insulina determinan un fallo pancreático y la aparición de diabetes mellitus no insulinodependiente.

Hiperlipidemia. Existe un aumento de los niveles de triglicéridos, una disminución de HDL-colesterol y un aumento de las concentraciones de LDL- colesterol. La alteración del perfil lipídico y el aumento del trabajo cardíaco confieren al paciente obeso un alto riesgo de padecer cardiopatía isquémica.

Insuficiencia venosa periférica. Mayor riesgo de presentar varices, edemas y cambios tróficos en las extremidades inferiores. Se asocia a un mayor riesgo de padecer enfermedad tromboembólica.

Hipertensión arterial. La resistencia a la insulina y el hiperinsulinismo pueden ser los responsables del aumento de la reabsorción tubular renal de sodio y explica la alta prevalencia de HTA. La pérdida de peso se acompaña de una disminución importante de las cifras de tensión arterial, incluso sin realizar dieta hiposódica.

Enfermedades cardiovasculares. La obesidad puede producir un aumento
del volumen sanguíneo, del volumen diastólico del ventrículo izquierdo y del gasto cardiaco, responsables a medio plazo de la hipertrofia y dilatación del ventrículo izquierdo. La insuficiencia cardiaca congestiva y la muerte súbita son mucho más frecuentes en el paciente obeso.

Colelitiasis y esteatosis hepática. La obesidad se acompaña a menudo de un hígado graso, y también el paciente obeso presenta un alto riesgo de padecer colelitiasis.

Problemas del aparato locomotor. Por factores biomecánicos (sobrecarga), siendo la artrosis de columna y rodilla una complicación frecuente en las personas con obesidad.

Hiperuricemia y gota. La hiperuricemia del paciente obeso es multifactorial. Está disminuido el aclaramiento de ácido úrico y aumentada su producción.

Problemas respiratorios. La obesidad mórbida puede asociarse a alteraciones de la ventilación que conducen a hipoxia crónica. La hiperventilación asociada a la hipoxia y largos periodos de somnolencia se denomina síndrome de Pickwick. Estos pacientes presentan gran riesgo de padecer insuficiencia cardiaca. El síndrome de apnea obstructiva (SAOS) es una manifestación clínica frecuente en los obesos.

Cáncer. En las mujeres aumenta el riesgo de padecer cáncer de endometrio, mama, vesícula y vías biliares. En el hombre se asocia especialmente al cáncer de colon, recto y próstata.

Problemas psicológicos. La obesidad mórbida provoca en general graves trastornos psicológicos y de adaptación al medio. La depresión y la ansiedad se presentan con frecuencia




jueves, 11 de abril de 2013

PESO Y ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES



La pérdida de 5kg de media por persona durante años reduce en un tercio la mortalidad cardiovascular


¿Qué ocurre cuando un país entero reduce su ingesta de calorías y aumenta el ejercicio físico? ¿Y si ocurre justo lo contrario? ¿Y si todos estos factores se analizan desde un punto de vista de prevalencia y mortalidad de diabetes y enfermeda cardiovascular? ¿Y si se hace durante 30 años? Esto es lo que ha hecho una investigación coordinada por Manuel Franco de la Universidad Alcalá y del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), y en la que han participado investigadores de Cuba y EE.UU. cuya conclusión más importante es que, las intervenciones poblacionales pueden ser de gran utilidad a la hora de promocionar la salud cardiovascular y disminuir la mortalidad por este tipo de patologías -principal causa de muerte en el mundo- y por diabetes.
Estudiar un población tan numerosa, tan homogéna -no hay grandes diferencias en salud, raza, renta o nivel educativo- y con unos hábitos de vida tan similares ,y hacerlo durante 30 años consecutivos, no es sencillo. De hecho, señala Franco, este trabajo es «casi único», en el sentido en el que se ha trabajado en un escenario «imposible de replicar en un ensayo clínico». De ahí, dice, la relevancia de estos datos que se publican en British Medical Journal y que han merecido un editorial del profesor de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard y Director del Departamento de Nutrición, Walter Willett, para quien el trabajo «añade una fuerte evidencia de que una reducción en el sobrepeso y la obesidad tendría enormes beneficios poblacionales».
Porque el trabajo muestra los efectos a largo plazo de una intervención sobre la población, tanto los positivos como los negativos. En 30 años, señala Franco, en Cuba han pasado muchas cosas desde un punto de vista de la alimentación y del ejercicio físico: así, experimentó una pérdida de peso moderada y un aumento importante de la práctica de ejercicio físico durante al menos cuatro años -1991-1995-. En esos años, denominados «periodo especial», señala el investigador, Cuba, sometida al embargo de EE.UU., sufrió una terrible crisis económica motivada por la caída de la Unión Soviética, principal sumistrador de alimentos y petróleo.
Sin combustible
Así, los cubanos pasaron a depender de sí mismos para desplazarse, debido a la falta de combustible, algo que provocó un aumento muy significativo (del 30% al 80%) del porcentaje de población con niveles de actividad física moderada. Al mismo tiempo, y de manera paulatina y sostenida, se redujo considerablemente la ingesta calórica per cápita, de 3.000 calorías diarias a 2.200 (equivalente a lo que recomiendan las dietas para perder peso). Como consecuencia se produjo una pérdida de peso generalizada de casi 5 kilos para una persona de talla normal. Los resultados del trabajo muestran el efecto de esta «obligada dieta»: así, en 1996, cinco años después del inicio de la pérdida de peso, se inición una rápida caída en la mortalidad por diabetes que duró seis años.

Pero para Franco, lo más interesante del ensayo es la comparación con los años posteriores, cuando la crisis terminó y los cubanos volvieron comer y a ganar peso. En esos años -entre 1995 y 2010-, lapoblación «engordó» una media de nueve kilos y la prevalencia de diabetes se dispa.
Como resultado de esta «bonanza», en 2002, se revirtieron estas tendencias y la mortalidad por diabetes inició una tendencia ascendente. Y, sorpredentemente, «aunque pensábamos que, una vez la población empezara a ganar peso, volvería a aumentar la mortalidad por enfermedad coronaria -que había disminuido un 34% durante los años 1996-2002-, lo que vimos fue que las tasas de defunciones se estabilizaron, es decir, dejaron de disminuir, pero no aumentaron. Esto contradice las tendencias más agoreras», apunta Franco.

Lecciones
Franco subraya el hecho de que con la pérdida de tan solo 5 kilos de media en toda la población mantenida durante años se podría reducir en un tercio la mortalidad por enfermedades coronarias y en casi la mitad las defunciones por diabetes. Además, también bajarían, en un porcentaje menor, las muertes por infarto cerebral o ictus.


Sin embargo, la «especial situación» de Cuba hace que sea muy difícil trasladar los resultados a España u otros países desarrollados. Así, creer que la crisis económica, como la que estamos inmersos, es «saludable» sería un error. Franco explica que «existen dos diferencias principales: la primera, que ésta no afecta por igual a toda la población (y, la segunda, que se dirige directamente a la alimentación ni al transporte de toda la población». Además, aunque el estudio no tuvo en cuenta el estado nuticional de la población cubana, lo cierto es que había estados de «desnutrición al comienzo de la crisis».
Pero para el investigador se pueden extraer algunas lecciones que sí son extrapolables: hemos aprenndido que debemos promover la salud en todos, como sociedad; además, para que una intervención de salud púbica tenga un impacto relevante, «no solo han de estar centradas en la población de riesgo, sino que afecten a toda la población: deben ser estrategias poblacionales», subraya.
«Se trata de comer menos y mejor, y sobre todo incrementar nuestra actividad física, no sólo que algunos estén delgados o se maten en el gimnasio, sino que toda la población pueda comer de manera equilibrada y andar o montar en bici en su día a día». En este sentido, el experto apunta a la promoción de políticas donde se primen formas de transporte mas activas que el uso del coche.
Los investigadores explican que, tras el análisis de los datos, no se puede concluir que uno de los tres factores (menor ingesta calórica, pérdida de peso y aumento de ejercicio) sea más importante que otro a la hora de disminuir la mortalidad cardiovascular.
Fuente: ABC salud